viernes, 3 de enero de 2020

Ocaso


Él escuchó el ruido de los rodos acercándose por la acera. Sintió el cosquilleo de los encuentros inusitados, salvo que este no lo era. Fue, aun así, de una bestialidad inaudita. Por muchos años pensó él fue la columna más fuerte. Un refugio al que se podía ir con el advenimiento de una catástrofe. Aquí en Europa, en otro mundo él no es más que una viga endeble. Ella lo sostiene todo. Ella es la luz. Detrás de unos arbustos aparece la familiar silueta. Él no ha olvidado nada. ¿Cómo podría? Hay contactos, pequeños gestos, que aniquilan las distancias, que son indiferentes a las estaciones, que traspasan el fuego, el agua, la tierra, el aire. «Vamos adentro que hace frío», dice. Por muchos años imaginaron estar en esta tierra fría y agreste.  El presente se diluye en esas tramas fraguadas desde hace tiempo como una gota de sangre en un charco de agua. Las próximas dos semanas no tienen pretensiones de grandeza: caminarán por las calles de cinco ciudades como dos sombras que pasan desapercibidas. Verán los frontispicios de los castillos medievales. Cruzarán los puentes entre la muchedumbre. Se internarán por caminos empedrados. Apreciarán las fuentes de los jardines. La brisa que se desprende del incansable fluir del Moldava y el Danubio les lacerará el rostro. Dormirán extenuados sintiendo que sus cuerpos son dos despojos en medio de un campo desierto. Por infinitos que parezcan, los caminos también fenecen. «Siempre es conmovedor el ocaso escribió Borges en Afterglow / por indigente o charro que sea, pero más conmovedor todavía / es aquel brillo desesperado y final / que herrumbra la llanura / cuando el sol último se ha hundido». El final llega con una anticipación monstruosa. Los caminos se desandan. Están de nuevo donde empezó todo. El tren situado en su estación exacta. No hay minutos de retraso. Esos no son los andenes sin carriles de El guardagujas de Arreola. Esa no es una novela de Onetti. Ese no es el final de Brief Encounter de David Lean, aunque parezca que la misma penumbra los envuelve. Él, mientras la ve por la ventana desplazarse en la lejanía, piensa: esta es la vida. Sus caminos se bifurcan inexorablemente.