«La
economía, la ciencia social matemáticamente más avanzada, es la ciencia humana
más atrasada. Y ello obedece a que con frecuencia se abstrae de las condiciones
sociales, históricas, políticas, psicológicas y caóticas, que son inseparables
de las actividades mercantiles. Como consecuencia, los expertos económicos
resultan especialmente incapaces para interpretar las causas y las
consecuencias de las perturbaciones monetarias y bursátiles y de prever el
curso de la economía incluso en el corto plazo.
Obedientes
al cálculo, ignoran lo que no es calculable ni mensurable, como la vida, el
sufrimiento, la alegría, el amor, el honor, la magnanimidad, la moda, la
emulación, las comunicaciones y el mal humor. Su medida de la satisfacción
viene a ser el crecimiento de la producción, de la productividad o de los
ingresos. La economía puede establecer con precisión las tasas de pobreza
monetaria, pero ignora la subordinación, la humillación o el dolor que
experimentan los pobres. Ignora, en otros casos, la confianza o la duda circunstancial
en uno mismo y en el gobierno. Y la voluble, excitante o temeraria inclinación
a apostar».
(Vicente Verdú, El capitalismo funeral; p. 17).