lunes, 17 de enero de 2022

Basura

Inicié el año 2022 con un propósito modesto: caminar. En otra ciudad hubiese sido una meta irrisoria, en algunas partes de San Salvador ―como en varias ciudades latinoamericanas― es un deporte extremo.

Camus dijo célebremente que el mejor modo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere. Hay otra fórmula más prosaica: escudriñar su basura.

Mientras se camina en las aceras de la clasemediera colonia Lomas Verdes, la basura habla. En una orilla de la calle está tirado un trozo de queso. No es cualquier queso: el empaque intacto dice BelGioioso Romano. Se deduce lo demás: producto importado, precio elevado. En esta zona: sobra, basura. Unos metros más adelante, hay ocho bragas desperdigadas por la acera. Alguien, seguro, va a recogerlas. Se venderán, se usarán. Irán a otro sitio menos afortunado donde ocho bragas no son residuos.


     



En su ensayo Papeles falsos, la escritora mexicana Valeria Luiselli sostuvo que no es posible extraer ninguna idea comprehensiva de la ciudad de México con solo caminarla. En esta parte del país, a lo mejor podemos extraer una. A contrapelo de lo que un rótulo anuncia «where innovation begins», sabemos que nada innovó con la basura: a nuestro paso vemos desechos inequívocos de una vida opulenta.