Si busco en mi bitácora de cine, no he visto más que dos películas del repertorio de Todd Haynes. Las dos películas son recientes. Está, por supuesto, Dark Waters de 2019 -porque si actúa Mark Ruffalo se ve obligada- y Carol de 2015 -porque si actúa Cate Blanchett también se ve obligada-, ambas películas muy distintas entre sí, y ninguna señal de las otras anteriores, dentro de las que sobresalen algunas películas veneradas por la crítica, como la under y muy fetichizada Velvet Goldmine (1998), el clásico Far from heaven (2002) y una de las emblemáticas de corte rockero como I’m not there (2007). Títulos que, aunque no los haya reproducido jamás, sé que forman parte de las cintas importantes que “hay que ver una vez en la vida”. Hice ese recuento antes de sentarme a ver por Netflix May December (2023), la última película de Todd Haynes, porque me pasa que con esos directores que tienen tres o más películas de las que “hay que ver una vez en la vida” suelo tomarlos por su obra completa, es decir, intentar ver desde su primera hasta su última película, pero con Todd hice una excepción. Total, en May december actúan Natalie Portman y Julian Moore. ¿Alguien puede resistirse a ver a ese par de talentos compartiendo pantalla?
Y May December es una genialidad. Está inspirada libremente -la expresión en inglés me gusta más, es más concisa y más lírica: loosely inspired-en un caso de abuso sexual. En 1996, Mary Kay Letourneau, una maestra de primaria, tuvo relaciones sexuales con uno de sus estudiantes de doce años. Ella quedó embarazada, fue a prisión, tuvo al hijo y años después se casaron. En la película de Todd Haynes, el drama se sitúa veinte años después de este suceso. Como en la historia real, Gracie (Julian Moore) tuvo relaciones sexuales con Joe Yoo (Charles Melton) cuando este tenía trece años. Gracie y Joe están casados, tienen tres hijos -una hija de veinte y dos gemelos que están por ir a la universidad- y viven alejados, aparentemente, del sensacionalismo que causó su historia veinte años atrás. Pasan los días con cierta paz entre quienes los rodean -la película de hecho empieza con una barbacoa familiar- hasta que aparece Elizabeth (Natalie Portman), una actriz famosa que interpretará a Gracie en una película, por lo que quiere convivir con ella para entenderla mejor y protagonizar su historia sin las manchas del amarillismo de tabloide y de la prensa rosa.
Entonces May December empieza a funcionar en distintos registros. Propone, sí, una mirada hacia los traumas ocultos de una familia que se construyó a partir de un abuso sexual, con todas las heridas que eso supone y que, efectivamente, laceran no solo a Gracie y a Joe, sino a sus hijos y a la familia anterior de Gracie -su esposo y sus hijos de ese matrimonio- y a prácticamente cualquier persona que se involucró a nivel familiar y de amistad con los implicados. Pero también May December juega con los límites de la representación, porque la presencia de Elizabeth no es la de una espectadora neutral, no solo está para emular los gestos y el habla de Gracie, para emular incluso la manera de maquillarse de ella, sino que durante su permanencia en casa de los Yoo toma partido y se inmiscuye de tal manera en sus vidas que llegamos a desconfiar de ella y de los motivos por los que está interpretando ese papel. Y está, claro, la interpretación del drama mismo, las miradas que juzgan a Gracie por haber cometido estupro, la sensación incómoda que propicia la película de hacernos imaginar lo que hubiera pasado en caso de que el abuso hubiese ocurrido al revés, que un hombre de treinta y pico abusara de una menor de doce, como en nuestras sociedades ocurre abominablemente todo el tiempo, y que, bajo la mirada patriarcal del mundo, es la víctima la que sufre las miradas inquisitivas y no el victimario, porque seguramente ella “se lo buscó”.
Aparte de celebrar que May December pueda verse a través de distintas capas, también resalto el corrimiento del centro dramático que ocurre en la película, que pasa de ese juego de espejos bergmaniano entre Gracie y Elizabeth -una queriendo convertirse en la otra-, a la presencia dominante de Joe, quien ahora es un hombre de 36 años, técnico de rayos X, que tiene que criar a dos gemelos que tienen poco más edad de la que él tenía cuando pasó “el suceso”. Ensimismado durante buena parte de la película, Joe se ve como atrapado en una grieta de la que no puede salir. Según contó Todd Haynes en una entrevista para Vulture, un amigo suyo vio un corto de la película y le dio una de las mejores definiciones para la interpretación que hizo Charles Melton como Joe: «se mueve como un niño y un anciano, una combinación de los dos». En efecto, Joe se infantiliza cuando fuma marihuana con su hijo adolescente -porque él no vivió esa experiencia-y se avejenta cuando se le ve como un jubilado cuyo pasatiempo es criar mariposas monarcas para liberarlas a la naturaleza. Una de las grandes metáforas de la película sucede precisamente cuando nace la primera mariposa y Joe la deja libre, como una prefiguración de su propio futuro.
Sumamente compleja y ambigua, por momentos turbadora, May December también logra ser una gran película porque no tiene ninguna pretensión de dar lecciones moralizantes, sino al contrario: nos muestra los tonos grises de las emociones y las relaciones humanas. Cada quién será libre de decidir hasta dónde se puede condenar a Gracie por lo que hizo -que por cierto es un personaje que tiene un complejo más de doncella que de monstruo, o, quizá peor aun, algo que los mezcla a ambos-, hasta dónde puede llegar a compenetrarse Elizabeth con una vida ajena bajo la excusa de llevarla a la pantalla, hasta qué punto debe o podrá continuar Joe atrapado en sus trece años, cómo se puede comportar la familia, sobre todo los hijos, sabiendo que nacieron de una relación, cuando menos, rara.
Dejemos esas preguntas. Y, ahora sí, hagamos tiempo para ver las otras películas de Todd Haynes: sus melodramas y sus odas rockeras.