miércoles, 1 de mayo de 2019

Cinema pirata / Violeta se fue a los cielos (2011)


La dramática separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual que trajo consigo el capitalismo, que tan bien supo analizar Simone Weil, es por lo que luchó toda su vida Violeta Parra. Esta lucha, materializada en el folclor al que se adherían sus obras, queda representada en la película de Andrés Wood Violeta se fue a los cielos (2011). Posiblemente en ninguna otra escena esta lucha se hace más visible como cuando Violeta lleva al Louvre sus obras pictóricas, mezclas de pintura y bordado. Ahí es sometida al examen del intelectualismo: preguntada sobre en qué escuela estudió, Violeta responde que en ninguna. Su escuela es la del corazón y la de la razón al mismo tiempo. El arte de Violeta emanaba del pueblo: casi nada se entiende sin él. Por eso su arte no fue panfletario o político; quizá ni siquiera comprometido. Si se ha encasillado en estos tres compartimentos solo responde al hecho de que a Violeta Parra nada humano le resultaba ajeno. Por eso sus obras hablan de la injusticia, del amor, de la paz: lo más humano que tenemos. Un entrevistador le pregunta: 
—Ahora que usted es una artista completa, pinta, canta, esculpe, es música...si le dieran a elegir uno de estos artes, ¿cuál escogería? 
—Yo elegiría quedarme con la gente. Porque es la gente la que me motiva a hacer estas cosas.

Película que se ciñe a lo biográfico, con una actuación magnífica de Francisca Gavilán, que nos hace dar gracias a la vida por la vida de Violeta Parra.

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