En la conferencia Los libros
de mi vida, el escritor argentino Ricardo Piglia narra el recuerdo de su
primera lectura. «Escuela N° 1 de Adrogué. Clase de lectura. La
señorita Molinari ha creado una especie de concurso: se lee en voz alta y el
que se equivoca queda eliminado. La competencia de las lecturas ha comenzado.
Me veo en la cocina de casa, la noche antes, estudiando ‘la lectura’. ¿Por qué
estoy en la cocina? Quizá mi madre me toma la lección. No la veo a ella en el
recuerdo: veo la mesa, la luz blanca, la pared de azulejos. El libro tiene
grabados, lo veo, y recuerdo de memoria todavía la primera frase que estaba
leyendo a pesar de la enorme distancia: ‘Llegan barcos a la costa trayendo
frutos de afuera...’...los frutos de afuera, los barcos que llegan a la costa.
Parece Conrad. ¿Qué texto era ese? Año 1946». Siempre
he admirado la memoria de las personas que, como Piglia, pueden dar forma a los
recuerdos de su primera vez. Por ejemplo, la primera vez que visitaste un
bosque. La primera vez que fuiste al cine. La primera vez que escuchaste a tu
madre cantar. La primera vez que besaste a una chica. La primera vez que
fumaste un cigarrillo. La primera vez que te caíste de una bicicleta. Esos
recuerdos para mí son difusos; algunos, inexistentes. Yo también quisiera recordar
cuál fue mi primera lectura, adónde estuve, con quién leí. No tengo ese
recuerdo, pero sí una fotografía. Año 1994: estoy hincado frente a un
escritorio sosteniendo un libro, o un folleto, o solamente una pila de páginas.
Volteo a la cámara y en mi rostro se dibuja un gesto de sorpresa, como si me
hubieran descubierto haciendo una travesura o algo ilícito (hay en esta escena
un germen, pienso, para explicar cómo algunas lecturas se han prohibido en la
historia). El pie de foto dice: «¡Ajá! ¿Qué
estás haciendo Alejandro?». No podía
leer, ni siquiera podía caminar. Puede que esa haya sido mi primera lectura. En
su autobiografía, Fernando Savater dice que se entra a la lectura como se entra
al sacerdocio, es decir, para siempre. Creo que es así: esa fotografía registra
el inicio de una actividad que solo puede culminar con mi muerte. Esa fotografía:
la forma definitiva de un recuerdo.