miércoles, 30 de marzo de 2022

Cuentos anotados - 2

 

Si hiciéramos una encuesta, con la pregunta ¿cuál es su cuento favorito de Juan Carlos Onetti?, el resultado acaso se sospeche, resultando que el mejor de todos —no solo porque ya lo bautizó así Mario Vargas Llosa—, es El infierno tan temido. Onetti confesó que la clave para escribir este relato se la dio una amiga, cuando lo motivó a que escribiera la historia de Gracia y Risso como un relato de amor. En cierta forma es una historia romántica, filtrada por la atmósfera lúgubre tan propia de Onetti. En otra forma es una historia sobre el mal. Y esta segunda lectura quizá sea más provechosa, pues no nos es difícil imaginar actos viles desencadenados por un profundo amor convertido en odio o rencor. ¿Por qué Gracia le envía a Risso fotos de ella teniendo relaciones sexuales con otros hombres? ¿Por qué no solo se las envió a Risso, sino también a sus amigos y a su hija? Piglia ha dicho que los mejores relatos están construidos alrededor de un secreto. Risso se suicida sin entender por qué Gracia le envió estas fotografías. Nosotros no lo sabremos, solo nos queda conjeturar.

martes, 8 de marzo de 2022

Personas / 5

Se llama M.E. No supe su edad, pero no debe pasar de los cuarenta años. Para ganarse la vida, M.E conduce más de doce horas todos los días. A veces, cuando los días son buenos, hace viajes a La Unión o a Metapán. «Con esos clientes gano más», me dice. Una descripción de su trabajo explica su larga jornada: ante la pregunta por qué conduzco, ella responde «soy el proveedor de mi hogar». No era así antes. Hace muy poco las cosas cambiaron. Hablábamos de accidentes, de irresponsabilidades. «Yo he manejado alcoholizada ―me dice―, pero nunca he tenido un accidente». Le cuento mis propias anécdotas, esos momentos de inconsciencia en los que se conduce en automático, en los que el vidrio es una nebulosa, en los que cada semáforo es una batalla contra el sueño. Hechos banales, en fin, para lo que M.E me dice después. «Ya no manejo así, porque cuando murió mi esposo dejé la bebida». Ella aclaró que él no falleció por un accidente, ni por la bebida, sino por «el covid». Fue una muerte inesperada ―como tantas. «Con él salíamos a echarnos los traguitos y hoy ya no está y yo no le encuentro sentido». Él no verá crecer a sus dos hijos. Ella me dice, ya con la voz entrecortada, que debe ser fuerte para que a sus hijos no les falte nada. Nos despedimos en frente de mi casa. Afuera hacía calor.