jueves, 15 de diciembre de 2022

La zurda del mundo

 

En redes sociales circula una frase que demuestra el apoyo que recibirá Messi en la final del domingo: «En América Latina, la única izquierda que sirve es la de Messi». Rendidos al astro argentino, aceptamos de él incluso las ideologías contrarias.

Cuando estaba en las inferiores del F.C Barcelona, a más de un entrenador le preocupó que Messi jugaba con una pierna. De meta a meta, podía gambetearse a todo el equipo contrario solo con la zurda. Lo que podía ser un prodigio, en una escuela que premia la técnica excelsa era un serio problema. Aparte de ser el más pequeño, al incipiente 10 le faltaba la derecha.

El asunto se fue resolviendo y Messi demostró que, aunque como último recurso, su derecha también era mágica. En Rusia 2018, un pase de mariscal de campo de Éver Banega lo dejó de cara al arco, Messi durmió la pelota con su muslo izquierdo y fusiló al arquero nigeriano con la derecha como si fuese Gabriel Omar Batistuta.

Hay jugadores como el “Mosquito” Dembelé de quienes no sabemos su perfil: su fuerte es manejar con igual destreza ambas piernas. Messi es un extraterrestre de la gambeta. El arte de la gambeta es el engaño, pero Messi desafió a los defensas mostrándoles las cartas. Desde los ocho años se sabía que saldría por el mismo costado, pero a los 35 todavía nadie le quita la pelota.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano dijo que si Maradona llevaba la pelota pegada al pie, Messi la llevaba dentro. El elogio denotaba a un jugador al que solo se le podía marcar derribándolo. Con el tiempo, Messi ha debido sacar la pelota de su pie y perfeccionar otras fórmulas. Del eslalon intempestivo ahora juega al pase y disparo milimétricos. 

En Catar 2022, la zurda de Messi viajó en el tiempo. Como observó Juan Pablo Varsky, contra Países Bajos Messi se transformó en Ricardo Bochini para darle el pase a gol a Nahuel Molina y en Juan Román Riquelme para patear el penal del 2-0, con la celebración del Topo Gigio dedicada a Van Gaal. Y ni hablar del espíritu de potrero que Messi mostró en esa eliminatoria, exudando fútbol maradoniano. Contra Croacia, Messi retrocedió 10 años para dejar tirado al enmascarado Gvardiol —quince años menor que Lio—, en una de las arrancadas que añoran en el Camp Nou.

El domingo, la docta zurda del mundo jugará contra la exuberante derecha de Mbappé. Messi podrá coronarse, por fin, campeón del mundo. Ojalá así sea.

martes, 13 de diciembre de 2022

Nuestro Mundial

Nuestra última participación en una Copa del Mundo fue en España 1982 y desde entonces nos conformamos con pequeñas cosas. En cada Mundial, quizá somos el único país que quiere quitarse récords. Nos entusiasmamos pensando que alguna potencia futbolística le meterá más de diez goles a un equipo teóricamente inferior para quitarnos de encima el 10-1 que nos propinó Hungría. En Brasil 2014, los alemanes pudieron quitarnos del top de esa lista contra el país anfitrión, pero incluso una selección como Alemania demostró que tenía sentimientos: en el segundo tiempo frenaron la apisonadora con la que hicieron del Maracaná un templo de lamentaciones. Ahora, en Catar, volvimos a ilusionarnos con los siete goles que le metió España a Costa Rica. Solo necesitaban meter 3 más. Sin embargo, pronto nos daríamos cuenta de que el fútbol virtuoso de la “Luchoneta” se agotó en esos siete tantos y desde entonces España jugaría con el humilde objetivo de lograr un remate al arco. Mañana empiezan las semifinales y las esperanzas de quitarnos nuestro vergonzoso récord volverán en 2026, en una sede en la que podemos ser casi locales.

Los salvadoreños nos sorprendemos de que en un país donde la justicia es tan endeble tengamos buenos árbitros. El salvadoreño imparte firme justicia fuera de sus territorios. En los últimos cuatro mundiales, estuvimos representados en el cuerpo arbitral. Joel Aguilar Chicas estuvo como cuarto árbitro en Sudáfrica 2010 y fue el principal en dos partidos de Brasil 2014 y en uno de Rusia 2018. En Catar, nuestro representante fue el químico Iván Arcides Barton, que se convirtió en el primer árbitro salvadoreño en pitar unos octavos de final en el Inglaterra vs Senegal. Arcides Barton, de nombre decimonónico, les llegaba a las caderas a los ingleses, pero no le impedía repartir orden con un nada delicado shut up. El colegiado tuvo excelentes actuaciones y se jactará de haber sido testigo de la hazaña marroquí que eliminó a la Portugal de CR7.

Nuestro Mundial también sucede en uno de los atractivos de las transmisiones: el cabello de los jugadores. Desde los recortes sutiles de Beckham al peluquín extravagante de El fenómeno, sabemos que en los Mundiales también importan los peines. Los estilistas son imprescindibles para la concentración del jugador, que está pendiente no solo de la pelota, sino de cuando sale en el monitor del estadio. En Catar, el inquieto extremo portugués João Cancelo llamó al barbero migueleño César Merino para que le hiciera un retoque. Merino migró hace tres años a España para ganarse la vida como peluquero: hoy moldea las cabelleras de jugadores como el “Papu” Gómez y Radamel Falcao. El mote de “hacelotodos” que nos define hace posible estas coincidencias.

En los Mundiales, a falta de talento dentro de las canchas, tenemos que reinventarnos fuera de ellas. Nuestro Mundial ocurre en las orillas.