El otro día que
fui a buscar algo para almorzar, un hombre iba adelante mío en la fila. El
lugar estaba visiblemente lleno: no había ninguna mesa para sentarse. El hombre
le preguntó a la mujer que nos atendía si se podían utilizar las mesas de
afuera. La mujer, siguiendo instrucciones quién sabe de quién, le dijo que no,
que solo podían usarse las de adentro. El hombre frunció el ceño y se
notó molesto. ¿Y entonces adónde quiere que me siente?, preguntó, alzando la
voz, como un reclamo ligeramente odioso. Luego explotó: ¡¿Adónde me siento? ¿Ve
algún lugar disponible?! La señora le respondió no solo con sentido común, sino
con humildad. Le dijo: puede preguntarle a alguien si quiere compartir una mesa
con usted. Enfadado, el hombre salió de la cola con su comida y, efectivamente,
compartió mesa con otro hombre. Cuando la muchacha despachó mi comida volteé a
ver al energúmeno. Estaba rezando, imagino que dándole las gracias a Dios por
los alimentos. No pude evitar sonreír al hacerme la idea de que el hombre que
lo acogió no era más que un amable ateo.
miércoles, 13 de marzo de 2019
viernes, 8 de marzo de 2019
Cinema pirata / La trilogía de Roy Andersson (I)
Después de
mucho tiempo queriendo ver el cine de Roy Andersson, hasta hoy pude ver Songs
from the second floor (2000), primera película de una trilogía que el
director sueco ha escrito y dirigido y por la cual se le ha considerado un
artista de primer orden. En una ciudad europea, de la que no sabemos el nombre,
algo aparentemente está próximo a ocurrir. En esta atmósfera de incertidumbre,
un hombre incendia su lugar de trabajo y tiene que empezar a buscar algún medio
para ganarse la vida. Lleva una vida normal, con problemas normales: uno de sus
hijos es un taxista sin mayor proyección para la vida, otro está internado en
un psiquiátrico, enloquecido por haber escrito poemas, y a menudo lo acecha el
fantasma de un antiguo prestamista que murió y a quien le quedó debiendo mucho
dinero. Se puede decir que esta es la historia principal de la película, pero
paralelamente Andersson nos presenta otros personajes en situaciones trágicas y
cómicas, como un nazi centenario que está en el hospital a punto de morir, un
mago que le corta la barriga a un asistente en medio de una presentación o un
burócrata que pierde un informe y enloquece. Songs from the second floor nos conduce por situaciones absurdas,
pero que sentimos íntimamente ligadas a la vida urbana, a un cierto sin sentido
o vacío de vivir en medio de las grandes urbes. O de vivir bajo la ética y
subjetividad del capitalismo: personas aisladas e individualizadas, el
productivismo rampante y el amor al dinero.
martes, 5 de marzo de 2019
Cita: Said y la retórica de la culpa
“Retórica de la culpa" es el concepto que utiliza
Edward Said para referirse al discurso que, desde diferentes movimientos,
descalifica —a veces llega incluso a censurar— a obras
clásicas de la literatura porque omiten describir las injusticias (sea
económicas, de género o de raza) que sucedían en el tiempo en que fueron
concebidas. «Sí, Austen perteneció a una sociedad de poseedores de esclavos, pero
¿podemos por ello desdeñar sus novelas como si fuesen ejercicios triviales de
una estética caduca? De ninguna manera, sostendré, si es que nos tomamos en
serio nuestra vocación intelectual de intérpretes para establecer conexiones,
para tratar la mayor evidencia posible de modo exhaustivo y realista, para leer
lo que está y lo que no está allí, y, sobre todo, para detenerse en lo
complementario e interdependiente, y no en las experiencias aisladas, veneradas
y formalizadas que excluyen y prohíben los cruces hibridizantes de la historia
humana».
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