lunes, 31 de mayo de 2021

Cápsulas / 2

 

Me dijo que ella no miraba películas basadas en hechos reales. Me perturban, dijo. Tengo pesadillas, dijo. Eso lo iba a saber después.  Afuera llovía. La luz amagó en irse por unos segundos y dejarnos a oscuras. Me empapé cuando salí a recoger la comida que habíamos ordenado. Pedimos pupusas, empanadas, tamales. La cantidad justa para dos. Finalmente, entre los truenos que no cesaban, la película empezó. Y en la pantalla negra de la obertura una advertencia: «based on true events». Ella no dijo nada. O yo no escuché. O ella dijo algo y lo ignoré. O ella dijo algo y lo olvidé. A mitad de la película los dos estábamos en medio de la sala sin hablar, tensos, como si alguien estuviera a punto de arrancarnos las uñas.

    Quo Vadis, Aida? es una película de la directora bosnia Jasmila Žbanić que trata sobre una familia que intenta sobrevivir en medio del conflicto entre serbios y bosnios. Aida, la protagonista, trabaja como traductora para Naciones Unidas. Aida, mediante las palabras, es el puente entre las partes enfrentadas. Cuando el ejército serbio invade la localidad de Srebrenica, su familia (su esposo y dos hijos) queda en la indefensión como miles de bosnios que han sido desplazados de sus casas. Aida logra que su familia entre a la sede de la ONU para (intentar) protegerlos. Pero la avanzada militar se recrudece bajo las órdenes del despiadado general Ratko Mladić: los acuerdos se rompen, los militares acechan a los refugiados, cuatrocientos soldados holandeses de Naciones Unidas enmudecen, empiezan a llegar los buses que llevarán a hombres y niños bosnios hacia la muerte.

    En Wikipedia se lee que Srebrenica es «una pequeña ciudad montañosa», donde hay minas de sal y un famoso balneario, y donde se produjo «la mayor matanza en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial». En Srebrenica viven aproximadamente 15 mil personas; en 1995, los serbios acorralaron y asesinaron a más de 8 mil bosnios musulmanes (hombres y niños) y luego los arrojaron a fosas comunes. Eso pasó cuando en Europa, se supone, esas cosas ya no sucedían.

    Quo Vadis, Aida? es también una película sobre esa masacre. Pero es, sobre todo, una película sobre la memoria y el perdón que sobreviene a un conflicto armado. Las últimas escenas de la película son escalofriantes: mientras los sobrevivientes de Srebrenica intentar forjar una comunidad nueva, empiezan a exhumarse los huesos de las fosas comunes. Los huesos empiezan a hablar. ¿Cómo se construye una comunidad sobre miles de osamentas? Dice una canción de Pedro Guerra: «Pero no son, a simple vista, solo huesos / desvencijados huesos / En el calcio del hueso hay una historia: / Desesperada historia, desmadejada historia / de terror premeditado».

    Esas historias, se supone, ya no sucedían. Esas cosas sucedieron. Terminamos de ver el terror premeditado y fue entonces cuando ella me dijo: «no me volvás a poner una película así». El terror, ahí, retumbando en la superficie.

domingo, 16 de mayo de 2021

Cápsulas / 1

Somos parte de la primera o segunda generación que vio desparecer las cartas; estamos, aun, a la expectativa de ser la primera que verá desaparecer los diarios. Digo: los diarios escritos en papel. Digo: los diarios que se guardan en una gaveta. Digo: los diarios que acompañan intermitentemente una vida. La escritura intimista, esa que se expande a lo largo de la vida de una persona, que recoge desde los hechos banales hasta los definitorios, está ahora más presente en las redes sociales que en una libreta de notas. Tuitero ocasional y gran escritor de novelas, el mexicano Julián Herbert nos lo recuerda con una anécdota en su cuenta de Twitter:

—Se me olvidaron las llaves — le explico a Don Cruz, el portero del edificio donde vivo.

—Por venir pensando en las quijadas de la muerte— me espeta él mientras abre la puerta, desde la superioridad moral de sus 80 años cumplidos.

La máxima de nuestra generación es «tuiteo, ergo sum», dijo Umberto Eco, para referirse a que uno solo existe en la red, y ahí también las intimidades, ensoñaciones y cotidianidades que nos definen. Ahora la intimidad se exhibe.