Me
dijo que ella no miraba películas basadas en hechos reales. Me perturban, dijo.
Tengo pesadillas, dijo. Eso lo iba a saber después. Afuera llovía. La luz amagó en irse por unos
segundos y dejarnos a oscuras. Me empapé cuando salí a recoger la comida que
habíamos ordenado. Pedimos pupusas, empanadas, tamales. La cantidad justa para
dos. Finalmente, entre los truenos que no cesaban, la película empezó. Y en la
pantalla negra de la obertura una advertencia: «based on true events». Ella no dijo nada. O yo no escuché.
O ella dijo algo y lo ignoré. O ella dijo algo y lo olvidé. A mitad de la
película los dos estábamos en medio de la sala sin hablar, tensos, como si
alguien estuviera a punto de arrancarnos las uñas.
Quo Vadis, Aida? es una película de la directora bosnia Jasmila
Žbanić que trata sobre una familia que intenta sobrevivir en medio del
conflicto entre serbios y bosnios. Aida, la protagonista, trabaja como
traductora para Naciones Unidas. Aida, mediante las palabras, es el puente
entre las partes enfrentadas. Cuando el ejército serbio invade la localidad de
Srebrenica, su familia (su esposo y dos hijos) queda en la indefensión como
miles de bosnios que han sido desplazados de sus casas. Aida logra que su
familia entre a la sede de la ONU para (intentar) protegerlos. Pero la avanzada
militar se recrudece bajo las órdenes del despiadado general Ratko Mladić: los
acuerdos se rompen, los militares acechan a los refugiados, cuatrocientos
soldados holandeses de Naciones Unidas enmudecen, empiezan a llegar los buses
que llevarán a hombres y niños bosnios hacia la muerte.
En Wikipedia se lee que
Srebrenica es «una pequeña ciudad montañosa», donde hay minas de sal y un
famoso balneario, y donde se produjo «la mayor matanza en suelo europeo
desde la Segunda Guerra Mundial». En Srebrenica viven aproximadamente
15 mil personas; en 1995, los serbios acorralaron y asesinaron a más de 8 mil
bosnios musulmanes (hombres y niños) y luego los arrojaron a fosas comunes. Eso
pasó cuando en Europa, se supone, esas cosas ya no sucedían.
Quo Vadis, Aida? es también una película sobre esa masacre. Pero
es, sobre todo, una película sobre la memoria y el perdón que sobreviene a un
conflicto armado. Las últimas escenas de la película son escalofriantes:
mientras los sobrevivientes de Srebrenica intentar forjar una comunidad nueva,
empiezan a exhumarse los huesos de las fosas comunes. Los huesos empiezan a
hablar. ¿Cómo se construye una comunidad sobre miles de osamentas? Dice una
canción de Pedro Guerra: «Pero no son, a simple vista, solo huesos / desvencijados huesos /
En el calcio del hueso hay una historia: / Desesperada historia, desmadejada
historia / de terror premeditado».
Esas historias, se supone, ya no sucedían. Esas cosas sucedieron.
Terminamos de ver el terror premeditado y fue entonces cuando ella me dijo: «no
me volvás a poner una película así». El terror, ahí, retumbando en la superficie.
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