A Luis y William Canales los conocí jugando fútbol. Los
dos vivían en la comunidad Corazón de María, diminuta zona geográfica de la
capital que exportaba futbolistas. Colindando con la Federación Salvadoreña de
Fútbol, no eran pocos los niños y adolescentes que iban de esa comunidad a
fabricarse un sueño. De ahí salió Neco, Chito y César, tres amigos entrañables ―y
excepcionales promesas futbolísticas― de los que nunca volví a tener noticias.
A diferencia de muchos otros que solo se dedicaron al fútbol aficionado,
William y su hermano menor Luis cumplieron el sueño. Ahora ambos juegan en la
Primera División. Luis ―a quien le decían El suruyo― es mediocentro ofensivo de
Luis Ángel Firpo; William juega de volante para el Club Deportivo Fas. Para los
hermanos Canales la vida no fue fácil, no tuvo que haber sido. Cuando los
conocí no pasaban de los doce años, tenían cuerpos escuálidos y parecían que en
cualquier momento iban a quebrarse. Si no estaban entrenando, se los veía
vendiendo frutas y DVD piratas en los semáforos que rodean el redondel
Beethoven. «Mi mamá nos obliga a venir», decía William, a quien más conocí,
pues jugamos juntos en la categoría Sub-13. William jugaba de volante derecho.
Lo que le faltaba de fuerza corporal lo compensaba con su velocidad y sus
regates. Era el más pequeño del equipo, pero sin importar contra quién nos
enfrentáramos siempre se adueñaba de la banda derecha. Ajeno a la disciplina
escolar ―apenas podía sumar―, su mundo se dirimía con una pelota en los pies.
No supe más de los dos hermanos desde que salí de la Federación. Sin ser un
asiduo espectador de la liga nacional, supe de ellos hasta que los vi
tardíamente haciendo lo que más disfrutaban: metiendo goles. Durante un Alianza
– Santa Tecla en el 2017, en una galopada como las que le recuerdo, William
Canales ―entonces jugador del Tecla― recibe un balón al espacio por la banda
derecha, sortea a dos defensas y en el uno a uno con el arquero define al
primer palo. Un aficionado escribe en redes sociales: «Canales debería estar
jugando en el extranjero».
Durante la pandemia, los hermanos Canales también
fueron noticia. En lo más estricto del confinamiento, los dos hermanos salieron
a las calles a repartirles refrigerios a soldados y policías.
Quien se cría en la calle no suele olvidarla nunca.
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