jueves, 12 de enero de 2023

“Un verdor terrible” de Benjamin Labatut

Los relatos de Un verdor terrible coinciden en mostrarnos a emblemáticos personajes de las ciencias y las matemáticas, tipos que hicieron descubrimientos brillantes, los cuales al mismo tiempo en que hicieron un bien a la humanidad, terminaron por incubar la semilla para provocar devastación y sufrimiento. Y también otros que sucumbieron tempranamente ante el horror que imaginaron que sus teorías podían ocasionar si acababan en las manos equivocadas.

Labatut, pues, dialoga con un dilema antiguo: los progresos del conocimiento y de la técnica, que tantas vidas logran mejorar y salvar, acaban por sucumbir al mal. «Incluso en las matemáticas ciertas cosas debían permanecer ocultas para siempre, por el bien de todos nosotros», dijo Alexander Grothendieck, quizá el matemático más importante del siglo XX y que, desde los cuarenta años, abandonó la matemática para abrazar al misticismo ecológico.

Sería a lo mejor inexacto llamar a Un verdor terrible un libro de cuentos, porque los escritos que lo componen parecen más bien pequeñas piezas ensayísticas de divulgación o crónicas periodísticas —salvo el epílogo—, cuyo asombro primordial radica en que Labatut no tiene estudios formales en ciencias, pero logra explicar fenómenos complejos con elocuente versatilidad. «Si el arsénico es un asesino paciente, que se esconde en los tejidos más profundos de tu cuerpo y se acumula allí durante años, el cianuro te roba el aliento», escribe en su primer relato Azul de Prusia.

Algo hay que decir sobre la forma: los relatos evocan a las contratapas de Juan Forn, donde cada párrafo contiene un dato descollante de la persona de la que se habla, anécdotas inverosímiles y vasos comunicantes con su época y con otros personajes contemporáneos. A diferencia de aquellas, eso sí, aquí aflora la imaginación de Labatut, rellenando con sucesos ficticios los vacíos que pudieran tener sus tramas verídicas. Él mismo aclara al final del libro que a medida el libro avanza, así también se va acrecentando la ficción. La ficción en estos relatos va creciendo paulatinamente como un hongo atómico.

El enigma y el misterio están presentes tanto en la manera en que Labatut nos cuenta cómo se descubren los avances científicos, como en las preguntas profundas que suscita. ¿Cómo logra la mente humana revelar los misterios más profundos del universo? ¿cómo logra aprehenderse en una ecuación la dinámica minúscula de los átomos? ¿cómo la mejor comprensión del mundo es al mismo tiempo la vía para la construcción de armas mortíferas?

Aunque reniega de su adscripción a la tradición literaria chilena, el libro de Labatut nos recuerda que antes de crear la antipoesía, Nicanor Parra fue físico matemático. Los científicos que desfilan por Un verdor terrible, aparte de haber sido mentes iluminadas para la ciencia, también tenían la manía de escribir. La yuxtaposición tácita entre ciencia y literatura es otro de los temas a los que Labatut se ancla. Y creemos que, en este caso, le da la razón a Ortega y Gasset cuando escribió que «no hay modo de entender bien al hombre [sic] si no se repara en que la matemática brota de la misma raíz que la poesía, del don imaginativo».

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