jueves, 6 de junio de 2019

¡Ah, Baudelaire!


Beatriz Sarlo ha escrito una columna titulada Leer sin saber, donde encumbra a algunos libros que, a veces, no se disfrutan a la primera, sino durante el transcurso de una vida; libros como El Quijote, Madame Bovary o el Ulises de Joyce. Pues bien, con Baudelaire me ha pasado lo contrario, es decir, leer sabiendo. Sabiendo que es uno de los poetas máximos de la lengua francesa. Sabiendo que, los conocedores, sitúan a Las flores del mal como uno de los libros cumbres de la poesía (y nunca renegaré de esos versos: «¡Tiene el Diablo los hilos que manejarnos pueden! / Aun lo más repugnante nos finge seductor; / y cada nuevo día bajamos sin horror / un paso hacia el Infierno entre sombras que hieden»). Pero sabiendo, también, después de leer sus Diarios íntimos (con prólogo y traducción de Rafael Alberti para la editorial Bajel), que Baudelaire, ese semidios de los poetas, fue un misógino, como muchos otros escritores de su tiempo y de este, pero misógino al fin y al cabo. Será que caí en el signo de este tiempo que ya derribó a un monumento llamado Woody Allen por su —nada claro—juicio por violación o que caí en la ingenuidad de la corrección política, porque hay como un zumbido o una mancha que no se quiere ir mientras leo al gran cantor de Satán. 

Ver aquí algunos fragmentos de los Diarios íntimos de Baudelaire (la traducción es la que señalé arriba):

«¿No tienen los diablos formas de animales? El camello de Cazotte, camello, diablo y mujer—».
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«Un hombre va al tiro al blanco, acompañado de su mujer. Apunta a un muñeco y la dice: Me imagino que eres tú. —Cierra los ojos y da en el blanco—. Luego, besando la mano de su compañera, añade: Ángel mío, ¡cuántas gracias te doy por mi puntería!»
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«Únicamente hay dos lugares donde se paga para tener derecho a gastar: las letrinas públicas y las mujeres».
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«La mujer es lo contrario del Dandy. Debe producirle horror. La mujer tiene hambre, y quiere comer; sed, y quiere beber. Está en celo y quiere ser satisfecha. ¡Qué gran mérito! La mujer es natural, es decir, abominable. Además, es siempre vulgar. Es decir, lo contrario del Dandy».
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«Sin embargo, no niego en absoluto el valor de la literatura dramática. Solamente quisiera que los comediantes estuviesen subidos sobre chapines muy altos, llevasen máscaras más expresivas que el rostro humano y hablasen por medio de bocinas; en fin, que los papeles de mujeres fuesen representados por hombres».
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«La invocación a Dios, o espiritualidad, es un deseo de ascender de grado; la de Satanás, o animalidad, es la alegría del descenso. En esta última hay que colocar los amores por las mujeres y las conversaciones íntimas con los animales, perros, gatos, etc. Las alegrías que proceden de estos dos amores se adaptan a la naturaleza de los mismos».
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«La mujer Sand [George] es el Prudhomme [Sully] de la inmoralidad. Siempre ha sido moralista. Aunque practicaba antes la contra-moral. Tampoco ha sido nunca artista. Tiene el famoso estilo fácil, caro a los burgueses. Es bestia, es pesada, es charlatana. En ideas morales, tiene la misma profundidad de juicio y la misma delicadeza de sentimiento que las porteras y las prostitutas. (…) El que algunos hombres hayan podido enamoriscarse de semejante letrina, es una prueba palpable de la bajeza de los hombres de este siglo».
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«Ved a Jorge Sand. Es, sobre todo, y más que nada, una gran idiota; pero está poseída. El diablo es quien la ha persuadido de que se fíe de su buen corazón y su sentido común, a fin de que a su vez persuada a las demás idiotas para que se fíen de su buen corazón y sentido común. No puedo pensar en esta estúpida criatura sin cierto estremecimiento de horror. Si la encontrara, me sería imposible evitar el arrojarle una pila de agua bendita a la cabeza».
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«¿Por qué al hombre de espíritu le gusta la prostitución más que las mujeres de mundo, a pesar de ser éstas igualmente idiotas?».
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«Hay ciertas mujeres que se parecen a la cinta de la Legión de Honor. No se las quiere porque se ensuciaron contra ciertos hombres. Por la misma razón que yo no me pondría los calzoncillos de un sarnoso».
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«Siempre me ha asombrado que dejasen entrar a las mujeres en las iglesias. ¿Qué conversación pueden tener con Dios? La Venus eterna (capricho, historia, fantasía) es una de las formas seductoras del diablo».
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«La mujer no sabe separar el alma del cuerpo. Es simplista, como los animales. — Un satírico diría que es así porque no tiene más que el cuerpo».
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«Sobre la necesidad de pegar a las mujeres. Se puede castigar a lo que se ama. Eso sucede con los niños. Pero esto encierra el dolor de despreciar lo que amamos».

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