martes, 18 de junio de 2019

Tres fragmentos para entender a Nayib Bukele

1

La masa ya no es solo ese conjunto de personas que se movilizan con un objetivo en común en una plaza o en una calle. Hoy la masa también es ese conjunto de personas que se reúnen en una realidad virtual. Para el caso, llamémosla Twitter. La característica común de ambas masas es que el individuo que se compenetra con ellas —sea una masa objetiva o virtual— no teme a su contacto. De hecho, ansía insistentemente ser parte de ella, pues la masa, en ambos casos, borra las diferencias individuales, sean estas de raza, sexo o etnia. «Cualquiera que sea el que se oprime contra uno, se le encuentra idéntico a uno mismo. Se le percibe de la misma manera en que uno se percibe a sí mismo» (p.6), escribe Elías Canetti en Masa y poder, un libro urgente. Esta característica, pienso, explica una de las fuentes de poder de Bukele; que, sin importar que sea el presidente, se compenetra virtualmente con la masa y cada uno de los integrantes que la conforman lo sienten parte de sí mismos. Por eso no rehúyen a su contacto, sino que lo buscan.  Por eso pueden hablar de su corbata o del nombre de su hija o esperar a que, a través de un tuit, los mande a dormir.
(Fragmento tomado de: Canetti, E. 1994. Masa y poder. Trad. Horst Vogel. Barcelona: Muchnik Editores).

2

En 1983 John Kenneth Galbraith publicó The Anatomy of Power, uno de los ensayos que mejor nos ayudan a comprender los mecanismos del poder en las economías capitalistas. Aunque J.K Galbraith centró su análisis en el poder de la empresa, hizo una descripción detallada de las fuentes de poder que subyacen no sólo al campo económico, sino también al político y religioso. «Tres son las cosas que proporcionan tal acceso [al poder]: personalidad, propiedad y organización» (p.63), dice. Léase la siguiente observación que hace Galbraith a propósito de la personalidad como fuente de poder: «Una certidumbre suprema en la creencia y afirmación del individuo es de fundamental importancia para obtener creencia y sumisión en otros, y esta característica personal no se halla necesariamente relacionada con la inteligencia. De hecho, puede que sea lo contrario. Característica básica de la política económica, exterior y militar, y de gran parte de la política comercial, es que la relación entre cualquier acción concreta y su resultado permanece en el mejor de los casos incierta, y muy frecuentemente desconocida. Nadie puede decir con seguridad cuál será la consecuencia final de un determinado incremento de los tipos de interés, de un propuesto gesto de apoyo político a algún Gobierno reincidente, de una iniciativa militar o bélica minuciosamente preparada. O cuáles serán los frutos de alguna maniobra comercial. En estos casos, el poder —la sumisión a la voluntad— suele pasar a los que son capaces de afirmar con mayor convicción lo desconocido. El poder no afluye al individuo que sabe, sino al que, a menudo por estupidez, cree saber y puede persuadir de ello a otros» (p.66).
(Fragmento tomado de: Galbraith, J.K. 1984. Anatomía del poder. Trad. J. Ferrer Aleu. Barcelona: Plaza y Janés).

3

En La verdadera historia de los errores futuros (artículo del 6 de junio), Boaventura de Sousa Santos aborda los presupuestos sobre los que se asienta el avance de las fuerzas políticas de derecha y de extrema derecha en el mundo. Para Boaventura, una de las señales de que este avance está materializándose plenamente es lo que él denomina «la orgía de la opinión y la fabricación masiva de la ignorancia». Luego de explicar «el cambio tectónico» en la opinión pública que han creado las redes sociales, lo vincula con el auge de los populismos. Escribe: «…la información que comenzamos a usar, pese a ser tan superficial, no puede ser contestada con argumentos. O es aceptada o es rechazada, y los criterios para decidir son criterios de autoridad y no de verdad. Si sirve a los intereses del líder político de turno, el pueblo es exaltado como teniendo finalmente opinión propia, capaz de contradecir la opinión de las élites tradicionales. Si no sirve, el pueblo es fácilmente considerado como “ignorante e incapaz de ser gobernado democráticamente”. En la medida en que el pueblo sigue la opinión del líder, es el líder quien sigue la opinión del pueblo. En la medida en que el pueblo diverge de la opinión del líder, debe, como pueblo ignorante, confiar en la opinión de líder. Según le convenga, el líder populista puede aparecer ora como seguidor del pueblo, ora como su tutor. Aquí reside la razón última de la reemergencia del populismo. Este capital de confianza se crea fácilmente en la medida en que todo sucede en la intimidad del individuo y de su familia. Mientras la sociedad mediática transformó la política en un espectáculo, la sociedad internética la convierte en un show íntimo, un auténtico peep-show en el que toda la interacción afectiva ocurre entre el líder y el ciudadano, sin argumentos ni mediaciones».

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