miércoles, 26 de febrero de 2020

Privilegios


Qué privilegio es estar sentado en esta mesa, hablando de nuestros privilegios. La espuma de la cerveza rebalsando por encima de una jarra fría. Vos hablando de un videojuego que recién has comprado; vos explicando la diferencia entre el todes y el todos; vos señalando las contradicciones en los fallos de los juristas; vos arguyendo sobre lo cotidiano en los cuentos de Raymond Carver; vos contando sobre los monumentos que viste en tu visita a Praga. Y del otro costado, las caras pálidas y cadavéricas de los inmundos. Los tiesos mendrugos dispuestos sobre la mesa para ser masticados. Las costillas de una niña como cordilleras alzándose debajo de un vestido azul. 

Qué privilegio es estar sentado en esta mesa, escribiendo de nuestros privilegios. El café humea y son las dos de la tarde. Vos escribiendo sobre el Ur-fascismo de Umberto Eco; vos enviando un email con rigor académico; vos terminando un ensayo sobre la metafísica del sexo; vos impugnando a tus subordinados sobre el trabajo de ayer; vos subiéndote a tu carro para ir a hacer las compras al supermercado. Y del otro costado, como el Sísifo y su piedra, una mujer empuja un carretón por una pendiente larga. El niño se quita el uniforme para ir a arreglar con su papá los solenoides averiados de los carros. Los trabajadores de los bancos saliendo de su jornada con los ojos hinchados. 

Qué privilegio es estar sentado en esta mesa, guardando una libreta, la taza del café y leyendo, otra vez, el poema de Jorge Debravo que originó todo esto: «Si estira uno los ojos en medio de la noche, / ve rostros desolados, manos encallecidas, / (…) gentes pobres aullando de abandono, / injusticias rugiendo como grandes panteras…/ Y ve también lujosas residencias,/ y hombres millonarios durmiendo francamente, / mujeres millonarias barajando los naipes, / sacerdotes contando monedas egoístas, / políticos sudando discursos de alegría, / comerciantes soñando con chequeras, etcétera, / como si todo fuera de miel sobre la tierra»

¿Abandonaremos el privilegio de ver a las estrellas danzando en el cielo? ¿De dormirse sabiendo que estaremos vivos en la mañana?

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