lunes, 30 de diciembre de 2019

Versos en las ventanas de los metros


Estas piedras también son mis piedras.
No es la historia,
ni las oscuras gárgolas
que las custodian,
las que las hacen mías.
Es la sangre en sus poros contenida.
Sangre roja que brotó de
los mutilados
los torturados
los estudiantes
los indefensos.
La misma sangre que brota
cuando me hiero.
Cuando el escalpelo corta la carne.
Las piedras solo son
silentes testigos
de la muerte unánime.

**

1913:
Freud reflexiona en el café Landtmann. Publica Tótem y Tabú.
Gustav Klimt dibuja a una mujer medio desnuda recostada.
Stalin llega a Viena a estudiar a los marxistas austrohúngaros.
Hitler era solo (aun) un pintor aficionado.
Wittgenstein escribe su Tractatus Logico-Philosophicus.
Oskar Kokoschka enloquece con Alma Mahler.
Son las vísperas de la Primera Guerra “Mundial”.
Esta es Viena y su lluvia fría.
Esta es Viena y sus intelectuales.
Esta es Viena y los cursos de historia.
1913:
¿Esta es la historia?
¿Adónde los miles de muertos en las colonias alemanas, francesas, inglesas, portuguesas?
¿Adónde el último suspiro de Araujo?
¿Adónde Gandhi y la no violencia?
¿Adónde Egipto y sus momias usurpadas?


**

No pedí que estuvieras
en las catacumbas de San Vito.
Tampoco en aquella mañana
en la que el sol salió,
resplandeciente,
iluminando las orillas del Danubio.
No pedí nunca:
tu olor salvaje,
tu boca besando dormida,
tu cándido revoloteo de pájaro.
Estas cosas aquí están,
mas no lo son.
Tu rostro se asoma,
sin que yo lo pida,
en los nevados campos de Eslovaquia.

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