En la exclusiva y concurrida Zona T, los bares se
llenan una hora antes de que empiece el partido Colombia contra Perú. Para
ambos el partido es decisivo: el que pierda está casi fuera del Mundial Qatar
2022. Los relatores de la radio avisan que será un partido difícil. También
Joaquín ―otro conductor de Uber, barranquillero― me dice que Colombia ya no es
la que era antes. «Cuadrado no está en su mejor momento, James nunca se
disciplinó y El Tigre ya está viejo», resume taxativamente. Las esperanzas
están en otro nombre: el guajiro Luis Díaz.
Horas antes de que empezara el partido, se anunció que
Luis Díaz fichó por el Liverpool FC de Jürgen Klopp. Su historia enaltece a los
colombianos; su historia, en realidad, enaltecería a cualquier latinoamericano.
Su historia es de quien creció en la pobreza y logró salir: de jugar malnutrido
en los potreros de su natal Barracas, en la Guajira, brilló siendo parte de la
selección colombiana de los pueblos indígenas y luego saltó al FC Porto y ahora
luce la camisa de los reds. «A este lo descubrió “El Pibe”», me dice don
Joaquín. La observación es común entre los colombianos, pero inexacta. Lo
entendemos: nos gusta creer que los ídolos forman a sus continuadores. Pero a
Luis Díaz lo descubrió y entrenó su padre y ya era una estrella cuando lo vio
jugar “El Pibe” Valderrama. Esta tarde, Luis Díaz canta el himno colombiano con
el dorsal “14”.
Durante los noventa minutos, la selección colombiana
propuso más, dominó, desbordó, centró, falló oportunidades inverosímiles y
perdió. Según las estadísticas del partido, Colombia tuvo la pelota siete de
cada diez minutos. Hizo treinta tiros, pero solo dos dentro de la portería.
Perú, en cambio, tiró cuatro veces y una fue gol. «No es nuestro día», me dice
un aficionado desde la barra de la Bogotá Beer Company. Cuando el árbitro pitó
el final del partido, el bar enmudeció y se fue quedando vacío. Los únicos que
aplaudieron fueron cuatro peruanos que disfrutaron del triunfo visitante.
Colombia perdió y no pasó nada. Antes ―como dice el
escritor mexicano Juan Villoro―, Colombia perdía e iba a juicio. Ningún otro
momento ilustró esta suerte trágica como el Mundial del 94. En un partido que
fue blanco de las apuestas del narco, el zaguero Andrés Escobar intentó
despejar un centro y metió un autogol. Colombia quedaría eliminada del mundial
y unas semanas después Escobar sería ejecutado en Medellín al salir de una
discoteca. Los colombianos regresarían al mundial en Francia 98. En Alemania
2006, la barranquillera Shakira le demostraría al mundo que en la final de la
Copa del Mundo se puede bailar champeta e inmortalizaría a Sudáfrica 2010 con
el Waka Waka.
«¿Usted de dónde viene?», me pregunta don Joaquín. «De
El Salvador», le digo. «De allá es el Mago», me responde. Joaquín me recuerda
que Diego Armando Maradona admiraba al Mágico González.
Cae la tarde. Ni Colombia ni El Salvador estarán en la
cita mundialista de este año.
No hay comentarios:
Publicar un comentario