martes, 31 de mayo de 2022

La libreta verde - mayo (23-31)

 

        Página 12 publica un adelanto del nuevo libro de Siri Hustvedt, titulado Madres, padres y demás. Lo publica Seix Barral. Contiene textos ensayísticos y autobiográficos.  En el adelanto, Siri cuenta cómo Djuna Barnes se convirtió en su mentora fantasma, luego de que la autora de El bosque de la noche le respondiera lacónica pero sugestivamente una carta que ella le había enviado. «Querida señorita Hustvedt, su carta me ha creado serias dificultades», le respondió Djuna. Desde entonces Siri no paró de escribir. También manifiesta su enfado al ser considerada como la discípula de su esposo, el también escritor Paul Auster. «Otorgar autoridad a la esposa socava de algún modo la autoridad del marido», dice. Hustvedt llama a las frases que nunca se olvidan como «tatuajes cerebrales». Me gusta la idea, quiero robársela. La definición nos recuerda que todos tenemos tintas ocultas que pueden salir a la superficie.

           

 

            Por las tardes mi trabajo fluye solo porque suena al fondo la esplendente guitarra de Julian Lage.

 

           

            Unos días después del trágico tiroteo en una escuela primaria de Uvalde, Texas, me encontré con una amiga y me contó de sus nuevos amoríos. El último, un gringo casi diez años menor que ella. «Sigue a Trump —me dijo, riéndose— y tiene tres escopetas de caza». El gringo es de Dallas. Una noticia en The Economist subraya la intrincada relación de los gringos con las armas: en Estados Unidos se destina casi el mismo dinero a investigar la muerte por una caída que una muerte por arma de fuego. Pistolas, Trump, cierto analfabetismo: tres pilares que sostienen a la industria de la muerte en la tierra de Walt Whitman.

martes, 24 de mayo de 2022

La libreta verde - mayo (16-22)

 

            Últimamente las películas de terror contradicen el mensaje de uno de los libros de Boris Cyrulnik: envejecer con resiliencia. El cine de terror contemporáneo condensa el miedo recóndito, casi nunca dicho, de no enfrentar con dignidad a la vejez cuando esta llega. El cuerpo se deteriora. El anhelo de la eterna juventud languidece. La memoria se marchita. Estos temores son aprovechados, por ejemplo, en películas como La abuela, de Paco Plaza, X, de Ti West, Anything for Jackson, de Justin G. Dick, y Relic, de Natalie Erika James. Termómetro de los tiempos, el cine de terror nos recuerda que hoy envejecer da miedo.

            Plática en un elevador:

            Entraron en el ascensor carcajeándose. Ella vestía una blusa casual, jeans, tenis y sostenía un termo de café. Él vestía traje, corbata, zapatos de cuero, un pañuelo de colores a la altura del corazón.

            —Ya no he visto a la Luli con el argentino, vos.

            —Cosas— respondió el hombre. Miró la hora en su relojito inteligente.

            —¿Se habrán peleado?

            —Peor

            Él empezó a rascarse la oreja.

            —¿Le dio baje el chele?

            —¡Ja!, al revés.

            La “S” de sótano se alumbró con una luz amarilla. La puerta se abrió. El hombre dijo:

            —El chele se fue para Buenos Aires la semana pasada. Pensamos que no va a volver. Renunció.

           

            En El ojo, cuento con el que inicia el libro de Nuestro mundo muerto, Liliana Colanzi construye un relato sobre la opresión. La opresión de una madre —podría ser un padre— conservadora. El ojo es la culpa omnipresente. Por eso a la protagonista se le aparece en el agujero del inodoro, mientras se corta el interior de sus muslos —recordando a Amy Adams en Sharp Objects—, o en la pantalla del cine, mientras hace una felación. El ojo es la metáfora del pecado. Sabiéndose observadas, a muchas personas se les impide vivir plenamente. El ojo siempre está ahí.

 

            ¿Puede un libro cambiar nuestra vida? Sí. ¿Puede hacernos ver las cosas más cotidianas como cosas extrañas y dignas de asombro? Sí. ¿Puede cambiar nuestros recuerdos? ¿Construir futuros alternativos? Sí. Vivir después de la lectura, la premisa con la que arranca La vida nueva de Orhan Pamuk.

 

 

            Quizá estoy por cruzar esa frontera existencial en donde el cuerpo ya no resiste una noche de fiesta antes de ir a trabajar. La mañana de este viernes transcurre en automático.

lunes, 16 de mayo de 2022

La libreta verde - mayo (9-15)


La economía se verdea. Nos verdeamos. También los conceptos. Eduardo Gudynas advierte que más que hablar de estanflación para describir el momento de la economía mundial, lo que deberíamos decir es verdeflación: un cambio nunca visto en el uso y, en consecuencia, en el precio de las materias primas en los últimos cincuenta años. Estamos en una época donde los precios de las cosas ya no solo están influidos por la oferta y la demanda de los mercados, sino también por el cambio climático y las barreras ecológicas.

El país publica un texto de Pedro Almodóvar, una especie de entrada de diario. Me gusta su estilo confesional. Almodóvar, quién lo diría, se aburre en Semana Santa. Mata el tiempo leyendo una novela de Claudia Piñeiro y viendo una serie sobre la vida de Andy Warhol, a quién conoció muy bien. Le aburre escribir sobre sí mismo, pero no sobre los artistas a los que admira. Aunque no lo parece, uno tampoco lo imaginaría, Almodóvar es un hombre solitario. A veces, como este día en que escribe de sí mismo, contradiciéndose, la soledad le pesa, le angustia. Me sorprenden sus dotes de escritor. Cuando escribe sus guiones, tan originales e irreverentes, sale a caminar, no para dejar de escribir, sino para escribir en movimiento. Si alguien se le acerca en la calle y le habla, él le responde: disculpe, estoy escribiendo. Su mente no descansa, es la obsesión de un artista.

La política de seguridad del gobierno puede definirse como el título de un libro de Foucault: vigilar y castigar. El control —y exhibición— que se ejerce sobre los cuerpos es el pilar de la necropolítica gubernamental. Porque no son todos los cuerpos los que se exhiben desmesuradamente, sino solo aquellos que merecen ser expuestos y humillados: los cuerpos tatuados, malnutridos, vapuleados y enfermos de los pandilleros. En la gestión política de la vida, como diría Judith Butler, la de ellos no vale la pena ser llorada.

Me imagino que en algún lugar del planeta alguien debe de estar escribiendo el libro sobre “Los actos simples que evitaron catástrofes”, un compendio de pequeñas heroicidades que han quedado en el anonimato de las enciclopedias, pero que contribuyeron con su granito de arena para evitar males mayores. Llevo algunos años soñando con ese libro. Hoy he vuelto a pensar en él leyendo la columna semanal del escritor portugués Gonçalo Tavares, donde cuenta la historia del ucraniano Iurii Vysoven, un hombre que convirtió los pedazos de un avión ruso derribado por Ucrania en llaveros. Vendía cada souvenir a 900 euros y con el dinero compraba drones y equipo militar. Las guerras son un florilegio de historias de resistencia.

Encuentro el verbo preciso para describir lo que hacen los diputados de la Asamblea Legislativa en sus sesiones plenarias. Ese verbo no es debatir, ni proponer, ni razonar, sino paralogizar. Paralogizar: intentar persuadir a la población con argumentos falaces.  

Vi la última película que dirigió el mítico Robert Mulligan, The Man in the Moon, que fue también la primera en la que actuó Reese Whiterspoon. Desde ahí Reese ya anunciaba su talento. Su capacidad para transmitir emociones es única: de la inocente sonrisa de una adolescente puede pasar en cuestión de segundos a la tristeza de un amor no correspondido. 

Repaso el archivo donde guardé los artículos que leí durante el año 2020, el año donde todo cambió. Hasta febrero, sin dimensionar todavía a lo que nos íbamos a enfrentar, lo que predominaba era el temor, como lo demuestra el título de un artículo de Srecko Horvat: «lo más contagioso es el miedo». En los meses siguientes el archivo está repleto de análisis políticos y económicos. Hay títulos de antología, como «Crónica de la psicodeflación», de Franco Bifo Berardi, o «Un golpe tipo Kill Bill al capitalismo», de Slavoj Žižek, o «Todos somos mortales», de Rita Laura Segato. Pero lo que más se repite en el archivo es un nombre: Juan Forn. Sus contratapas no dejaron de aparecer durante ese año, contándonos siempre esa historia lateral de la literatura universal rebosante de anécdotas sobre libros y sus escritores. ¡Cómo extrañamos a Forn!


lunes, 2 de mayo de 2022

La libreta verde - abril

 Emiliano Monge llama la atención sobre una característica de Andrés Manuel López Obrador, característica que tienen, por lo demás, los populistas de todo cuño, aquí, en México o en Budapest. Esa característica es esta: no informar sobre las políticas del gobierno, sino de hacer política con la información. Donde los hechos no importan, las palabras los inventan.

 

Pasan los días bajo el estado de excepción. Las noticias ya no solo informan de detenciones arbitrarias, sino de muertos que no recibieron atención médica después de ser vapuleados por agentes del Estado. La política del bukelismo es la necropolítica.

 

En una de las historias laterales que Orhan Pamuk teje en El libro negro, contadas por el personaje de Celal, un reconocido columnista que desaparece un día, se cuenta la vida de Bedii, un escultor que fue pionero en la fabricación de maniquíes para exhibirlos a los sultanes de Turquía, maniquíes que eran parecidos a sus conciudadanos, es decir, con largas barbas, alguna panza pronunciada, ojos saltones, y que vestían como visten sus pares con sus indumentarias tradicionalespero que un día ve desplazada su obra por los maniquíes de cuerpos estilizados que llegaban de Occidente. ¿Por qué siguen exhibiéndose en los escaparates de las tiendas esos bien vestidos maniquíes que en nada se parecen a las personas que lucirán los atuendos comprados? ¿Elegiríamos nuestra vestimenta si la vemos puesta en un maniquí que nos recordara demasiado a nosotros mismos? Quizá no. El maniquí nos recuerda que lo que nos venden no es ropa, sino una fantasía. Vernos así o asá. Unidimensionarnos.

 

No es el reporte meteorológico el que avisa la llegada de la época lluviosa, sino las invasiones de chicotes. Antes me exasperaban, después aprendí: son nuestros fieles compañeros en este clima monzónico.

 

La socióloga estadounidense Kim Lane Scheppele acuñó el término de “The Frankenstate” para referirse a los estados autocráticos que utilizan a las instituciones democráticas a su antojo, distorsionándolas, hasta que, un día, las desaparecen. El concepto define con bastante precisión lo que ocurre en nuestro país. El régimen de Nayib Bukele se ha ensamblado haciendo uso de nuestras precarias instituciones democráticas para consolidar su proyecto autoritario. De democracia va quedando cada vez menos; de autoritarismo, demasiado.

 

El libro negro de Pamuk está construido alrededor de esta idea: la memoria es como un jardín. Recuerdos que germinan, otros que se marchitan.

 

Cuestión de mapas. En la televisión, los analistas explican a través de mapas. Así explicamos los huracanes, las guerras, la suspensión de un acueducto, la ruta de un tren. Pero ¿así entendemos? Quien está frente a los mapas dibuja flechas, gesticula, apunta con sus lucecitas láser, pero no ve, no cuenta no puede contar lo que acontece en el territorio: las ruinas que dejó el huracán, el hermano que vio a a su hermano morir en fuego cruzado, la familia que vive sin agua, los animales que se desplazan de su hábitat. El zoom a los mapas: periodismo.

 

Algunas personas no tuitean, porfían. Ese es el verbo que los define: porfiar.

 

Lispector: «La puntuación es la respiración de la frase, y mi frase respira así. Y si le parezco rara, respételo».

 

Clarice Lispector escribe haciendo uso del silencio. Elogia el silencio. Lo vuelve parte de ella misma. Sus columnas recogidas en Todas las crónicas reflejan este respeto hacia la palabra no dicha. Para ella es un asunto de honestidad: «Sé que el silencio, si no dice nada, por lo menos no miente, mientras que las palabras dicen lo que no quiero decir».