Página 12 publica un adelanto del nuevo libro de Siri Hustvedt, titulado Madres,
padres y demás. Lo publica Seix Barral. Contiene textos ensayísticos y autobiográficos.
En el adelanto, Siri cuenta cómo Djuna
Barnes se convirtió en su mentora fantasma, luego de que la autora de El
bosque de la noche le respondiera lacónica pero sugestivamente una carta
que ella le había enviado. «Querida señorita Hustvedt, su carta me ha creado
serias dificultades», le respondió Djuna. Desde entonces Siri no paró de
escribir. También manifiesta su enfado al ser considerada como la discípula de
su esposo, el también escritor Paul Auster. «Otorgar autoridad a la esposa
socava de algún modo la autoridad del marido», dice. Hustvedt llama a las
frases que nunca se olvidan como «tatuajes cerebrales». Me gusta la idea,
quiero robársela. La definición nos recuerda que todos tenemos tintas ocultas
que pueden salir a la superficie.
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Por
las tardes mi trabajo fluye solo porque suena al fondo la esplendente guitarra
de Julian Lage.
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Unos
días después del trágico tiroteo en una escuela primaria de Uvalde, Texas, me
encontré con una amiga y me contó de sus nuevos amoríos. El último, un gringo
casi diez años menor que ella. «Sigue a Trump —me dijo, riéndose— y tiene tres
escopetas de caza». El gringo es de Dallas. Una noticia en The Economist
subraya la intrincada relación de los gringos con las armas: en Estados Unidos se
destina casi el mismo dinero a investigar la muerte por una caída que una
muerte por arma de fuego. Pistolas, Trump, cierto analfabetismo: tres pilares
que sostienen a la industria de la muerte en la tierra de Walt Whitman.
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