Alguien que no recuerdo dijo que Eduardo Halfon escribe el
mismo libro. Yo le añadiría: y por entregas. De ese libro conocemos varios
personajes, uno el más importante: su abuelo polaco. Cada libro podría leerse
como una reescritura de su abuelo y su descendencia. En Tarántula, su
última novela, su abuelo reaparece siendo él mismo, por supuesto, pero también
reconvertido en un simulacro de campo de concentración nazi para niños en una
montaña de Guatemala, en un personaje llamado Samuel y en una Luger. Halfon
entiende que no puede liberarse de su sangre judía y de su sangre guatemalteca,
pero la primera predomina sobre la segunda. Aunque sus libros transcurran en
Guatemala, Halfon siempre la describe desde cierta distancia.
Anoche, la gran ganadora de los Globos de Oro fue Emilia
Pérez. Vilipendiada y celebrada por igual, su éxito es síntoma de la época.
¿Cuál época? No me atrevería a decir, como han dicho varios, que representa de
manera frívola a la agenda progresista, aunque sí podría decir que caricaturiza
los problemas complejos que intenta abordar. Como un excelente video de Tik
Tok, pues. Es que es difícil meter en una sola bolsa los narcorridos, el cambio
de sexo, lo trans, la violencia y la ternura humana sin pecar de ser ligero. Y
si además le agregas escenas de musical, pues ya vimos. A mí me gustó su
irreverencia y hasta su inverosimilitud (algo que ha sido fatal para sus
espectadores menos entusiastas). Mucho de lo que se habló fue sobre los acentos
forzados, que nadie hablara un buen español. ¿Pero acaso no hemos visto hasta
la saciedad películas cuyos protagonistas hablan inglés, pero están ubicadas
—digamos— en la Atenas de Sócrates? Emilia Pérez ha molestado mucho y
eso a mí, por lo menos, me deja contento.
Vaya, la reactivación de los proyectos mineros en el país
es otro retroceso. No importa que luego los consorcios no vengan —difícilmente
no vendrán, son como pirañas—, la sola posibilidad de su retorno agrega otra
evidencia de que Bukele y compañía tienen ese algo en común que los hermana con
las extremas derechas de todo el mundo: enriquecerse, y enriquecer a quienes
los rodean, a costa de la gente que los idolatra.
Este 6 de enero se cumplieron cuatro años desde el asalto
al Capitolio por las hordas trumpistas. Pensamos que ese evento fue la cúspide
—y el inicio de la caída— de Trump. Nos equivocamos. Trump, como lo demostró la
excelente biopic The apprentice, no pierde: se adapta. Fue así desde sus
primeros pasos como aprendiz del temido abogado Roy Cohn, lo sigue siendo hoy
mientras se prepara para su segundo periodo presidencial. Las ideas que son el
sostén de su popularidad están más vivas que nunca. Más, quizá, que el 6 de
enero de 2021. La pregunta es hasta dónde llegarán, en qué van a convertirse.
El cine ha plasmado recientemente dos escenarios calamitosos: uno de guerra
civil (Civil War, de Alex Garland), un país fracturado por sendos
fanatismos que conducen a la crueldad absoluta; otro, de terrorismo y actos
vandálicos (The Order, de Justin Kurzel), más cercano a lo que ya
acontece. El 20 de enero empezaremos a ver ese desenvolvimiento.
Me preguntaron en mi nuevo trabajo cuál es mi profesión.
Les dije, sin demasiada emoción, que economista. Me suele ocurrir: lo digo sin
creérmelo. Desde mis días de estudiante, aprendí que uno estudia economía no
para ganarse la vida, sino para no dejarse engañar por los economistas. Me
parece un propósito más que loable, dado el reprochable comportamiento de mi
gremio. Sin embargo, a veces, cuando suelo recordar a quienes mejor han
ejercido esta profesión, también intento sacar pecho. Porque hubo —y la hay—
gente ilustre de la que se aprende algo más que economía y eso, para esta época
de hiper especializaciones, redime, conmueve y da ganas de seguir.
Jorge Carrión sostiene que el resurgimiento del tarot se
debe a la búsqueda de explicaciones para un mundo cada vez más fragmentado y en
crisis. Puede ser. Por algún motivo que desconozco me he visto rodeado de
tarots. A finales de 2023 le compré a una tía el tarot “Madretierra”, creado
por la tarotista y herbóloga Zulma Moreyra, en cuyo libro y portada dice que «interpreta
los mensajes del inconsciente» y que protege y dirige nuestra energía. No
entiendo sus cartas, pero los dibujos me fascinan. Una noche, solo en casa, vi la
muy mala película Tarot (2024), en la que —oh, sorpresa— un grupo de
estudiantes empieza a morir uno por uno después de que les leen las cartas. Y
también supe, por el libro Reina de espadas, la maravillosa búsqueda
interior de Elena Garro que hizo Jazmina Barrera, que la musa de Paz y Bioy
Casares encontraba consuelo a su atribulada vida en el secreto de las cartas. Por la columna de Carrión sé que los tarots se
están multiplicando. Y que están más vivos que nunca.
¡Larga vida a los blogs! Ahora que volví a escribir en este
espacio, he vuelto a revisar algunos de los blogs que más me gustan. No tienen
desperdicio. Son un tesoro. Hablo, por ejemplo, de Tribulaciones y asteriscos
de Rafael Menjívar Ochoa, quizá el prototipo de blog que me hubiera gustado
escribir. Pero también Microrréplicas de Andrés Neuman. Es curioso:
vuelvo a estos blogs casi siempre. Hay textos en ellos que me resultan tan
familiares como mis cuentos favoritos. Y hay otros que siguen en activo, como No
(ha) lugar de Miguel Ángel Hernández. Pero curiosamente los que me dieron
una emoción esta semana fueron los de dos economistas marxistas: Rolando
Astarita y Michael Roberts. La economía marxista no puede vivir sin disputas. Ambos
intercambiaron entradas para debatir sobre un aspecto que los marxistas conocen
bien: la ley tendencial de la tasa de ganancia a decrecer. Marx nunca llegó a
postular dicha ley, de ahí los equívocos. Debate elegante, recuerda a las
viejas disputas que sucedían en los periódicos. A ellos se le sumó el excelente
economista José Tapia, con un brillante artículo que publica la revista de
izquierda Sin permiso. Poco conocido en los círculos mainstream, Tapia
es un estudioso de los ciclos económicos desde la óptica de la economía
política. Es decir: poniendo el foco en la ganancia. Su exposición es invaluable.
Como decía más arriba: a veces, cuando recuerdo a algunos economistas, saco
pecho. Tapia es uno.
Para el fin de semana…
Nos vamos con el deseo de
que ingrese un frente frío. El domingo habrá Clásico español. Espero ver Nosferatu
de Eggers. En la calle: librarme de las fotomultas y los retenes
policiales. ¡Muerte al Estado policial!
No hay comentarios:
Publicar un comentario