Lo bueno de los mundiales es que son un plato fuerte que viene
con entrada.
Salvo Qatar 2022, los últimos Mundiales se han disputado a
mitad de año, cuando las principales ligas europeas ya coronaron a sus
campeones. El cierre reciente de la Premier League, con el Arsenal campeón
después de veintidós años de sequía, podría anticipar un Mundial inusitado. O
quizá una nueva forma de entender el juego: como señaló Luis Enrique, el
Arsenal ganó no por ser el mejor equipo con el balón, sino por ser el mejor sin
él.
Todavía queda otro aperitivo importante: saber si el PSG del
entrenador gijonés conseguirá el bicampeonato de la Champions League. Si así
fuera, se confirmaría que la orejona también puede ganarse consecutivamente con
más fútbol que fortuna sabor a merengue.
Pero, si hablamos de antesalas para la Copa del Mundo, yo
elegiría Los héroes numerados, el nuevo libro futbolero de Juan Villoro.
Si Argentina tiene el mejor periodismo deportivo, México tiene
al mejor escritor sobre el balompié.
Villoro posee una capacidad inigualable para relacionar las
mutaciones del fútbol con las transformaciones de la sociedad. No encuentro
mejor voz para contextualizar un Mundial auspiciado, principalmente, por un
país gobernado por Donald Trump.
Para Villoro, el fútbol no es ajeno a la política, aunque sí
puede convertirse en su anticuerpo. En medio de guerras y tensiones
internacionales, Estados Unidos será anfitrión de las esperanzas colectivas.
Canadá y México apenas maquillan la evidente repartición geopolítica de
favores: si Rusia organizó el Mundial de 2018 y Qatar el de 2022, parecía
inevitable que Estados Unidos recibiera la sede de 2026.
En su nuevo libro, el autor de Balón dividido repasa
anécdotas del deporte de "las manos suprimidas", pero también dirige su mirada
hacia aspectos contemporáneos. Gran admirador de los relatores de
fútbol, Villoro analiza las consecuencias del VAR para esos magos de la
palabra. Sumados a la euforia de las tribunas, los grandes relatos eran
combustible para una emoción desbordada. Sin embargo, observa que hoy un gol
anulado por el VAR se parece a un coitus interruptus.
Entre los temas más novedosos del libro, Villoro dedica un
capítulo al fútbol femenil, “el que marca la diferencia”. Como bien señala, no
es casualidad que en los partidos de mujeres la celebración sea, por lo
general, colectiva, sin estrellas ensayando poses individuales ni gestos
grandilocuentes o ridículos. La sororidad se traslada al festejo; lo varonil
suele demostrarse en solitario.
El fútbol femenil ha despuntado hasta convertirse, en algunos
casos, en un espectáculo más atractivo que el masculino. En mi caso, incluso,
también ofrece mayores alegrías: el FC Barcelona femenino es una potencia
europea, mientras el masculino todavía intenta reencontrarse bajo las órdenes
de Flick y su estrella absoluta Lamine Yamal.
La publicación del libro llega en el momento preciso. Estamos
próximos a ver nuevamente a nuestros héroes numerados vistiendo la camiseta de
sus selecciones. Veremos quién, o quiénes, alcanzarán la inmortalidad.
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