miércoles, 20 de mayo de 2026

Aperitivo mundialista

 

Lo bueno de los mundiales es que son un plato fuerte que viene con entrada.

Salvo Qatar 2022, los últimos Mundiales se han disputado a mitad de año, cuando las principales ligas europeas ya coronaron a sus campeones. El cierre reciente de la Premier League, con el Arsenal campeón después de veintidós años de sequía, podría anticipar un Mundial inusitado. O quizá una nueva forma de entender el juego: como señaló Luis Enrique, el Arsenal ganó no por ser el mejor equipo con el balón, sino por ser el mejor sin él.

Todavía queda otro aperitivo importante: saber si el PSG del entrenador gijonés conseguirá el bicampeonato de la Champions League. Si así fuera, se confirmaría que la orejona también puede ganarse consecutivamente con más fútbol que fortuna sabor a merengue.

Pero, si hablamos de antesalas para la Copa del Mundo, yo elegiría Los héroes numerados, el nuevo libro futbolero de Juan Villoro.

Si Argentina tiene el mejor periodismo deportivo, México tiene al mejor escritor sobre el balompié.

Villoro posee una capacidad inigualable para relacionar las mutaciones del fútbol con las transformaciones de la sociedad. No encuentro mejor voz para contextualizar un Mundial auspiciado, principalmente, por un país gobernado por Donald Trump.

Para Villoro, el fútbol no es ajeno a la política, aunque sí puede convertirse en su anticuerpo. En medio de guerras y tensiones internacionales, Estados Unidos será anfitrión de las esperanzas colectivas. Canadá y México apenas maquillan la evidente repartición geopolítica de favores: si Rusia organizó el Mundial de 2018 y Qatar el de 2022, parecía inevitable que Estados Unidos recibiera la sede de 2026.

En su nuevo libro, el autor de Balón dividido repasa anécdotas del deporte de "las manos suprimidas", pero también dirige su mirada hacia aspectos contemporáneos. Gran admirador de los relatores de fútbol, Villoro analiza las consecuencias del VAR para esos magos de la palabra. Sumados a la euforia de las tribunas, los grandes relatos eran combustible para una emoción desbordada. Sin embargo, observa que hoy un gol anulado por el VAR se parece a un coitus interruptus.

Entre los temas más novedosos del libro, Villoro dedica un capítulo al fútbol femenil, “el que marca la diferencia”. Como bien señala, no es casualidad que en los partidos de mujeres la celebración sea, por lo general, colectiva, sin estrellas ensayando poses individuales ni gestos grandilocuentes o ridículos. La sororidad se traslada al festejo; lo varonil suele demostrarse en solitario.

El fútbol femenil ha despuntado hasta convertirse, en algunos casos, en un espectáculo más atractivo que el masculino. En mi caso, incluso, también ofrece mayores alegrías: el FC Barcelona femenino es una potencia europea, mientras el masculino todavía intenta reencontrarse bajo las órdenes de Flick y su estrella absoluta Lamine Yamal.

La publicación del libro llega en el momento preciso. Estamos próximos a ver nuevamente a nuestros héroes numerados vistiendo la camiseta de sus selecciones. Veremos quién, o quiénes, alcanzarán la inmortalidad.

 

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