Hay días en los que, en apariencia, no sucederá
nada extraordinario. Suena el despertador y a los minutos ya estás amarrándote
las cintas de los zapatos. O ajustando el nudo de la corbata. O preparando el
desayuno. O sintiendo unas ganas animales de tener sexo. Entonces, cuando estás
absorbido por lo cotidiano, decidís agarrar un libro cualquiera. Entonces, sin
querer, lo oculto (página uno), aparece: «Reloj que marca las horas, / apura tu marcha ahora, / dame sueños, dame
ganas, / dame vida, dame manos, / Siempre te negás a todo, / cuando te apuro te
quedás, / cuando te aquieto te escapás. / Por qué carajo te negás, / a ser hijo
de los hombres, / por qué tus tiranas agujas / siempre van a contramano». Entonces
seguís leyendo, y te enterás de que el autor de esos versos se llamó Joaquín
Areta, que tras la dictadura militar en Argentina se enfiló en los Montoneros,
que el 29 de junio de 1978 fue detenido y desaparecido para siempre, que tenía solo
22 años —era un niño— y garabateaba poemas en una libreta roja, que —gracias a
esos héroes— sus poemas se editaron en el año 2010 con el título Siempre tu palabra cerca. Esos poemas
que tienen algo (todavía) de ingenuidad, ilusiones y unas ganas de cambiar el
mundo. Seguís leyendo sabiendo que el día ya no será el ruido de un despertador
ni una serie de movimientos maquinales. Ni la semana, ni el mes, ni la vida,
volverán a ser iguales.
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