Este día, después de más de 1,300 columnas
escritas, Juan Héctor Vidal anunció que se retira de la enjundiosa labor como
columnista que sobrellevó por veinticuatro años. Su retiro es una pérdida para
todos, porque sus opiniones —aunque se discrepara con ellas— partían de una clara motivación por generar consensos sociales, evitar
los fanatismos ideológicos y aportar argumentos para el análisis de nuestra
realidad. Su libro De la ilusión al
desencanto sigue siendo una de las principales fuentes para entender el
modelo económico que se confeccionó
durante veinte años de gobiernos de ARENA, ahora en evidente estancamiento,
pero que seguimos cargando sobre nuestros hombros. Contrario a otros economistas,
como el jesuita F.J Ibisate que fue uno de los primeros críticos del modelo,
Héctor Vidal vio con entusiasmo la filosofía y el ordenamiento institucional y
político con el que aquel fue concebido. Después de todo es un economista
liberal y no se cansó de defender los principios de las sociedades abiertas. Sin
embargo, al ver que en la práctica predominaban las ideas del laissez faire más conservador, fue
distanciándose de aquellas medidas, convirtiéndose en uno de sus críticos más
lúcidos. Sus opiniones fueron un foco de crítica para las privatizaciones, la
dolarización y la firma indiscriminada de Tratados de Libre Comercio. No en
vano su nombre figuró como uno de los posibles candidatos a conformar el
gabinete de Mauricio Funes, durante la llegada al país del primer gobierno de
izquierda; su respuesta fue categórica: «mi nicho es la empresa privada». Así
las cosas, con su trabajo que hoy termina nos queda un pertinente caudal de opiniones para ir al pasado, entenderlo, y construir propuestas para cambiar
la realidad de nuestro país y luchar por un futuro distinto.
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